jueves, 3 de marzo de 2011

La Sabana


La quietud de los árboles y las plantas de la plaza hacen honor a la calurosa noche, la brisa esta ausente, ausente como yo, los señores en la esquina conversan, comparten la faena del día, que si la pesca, la lancha, el sol, que si los helados de coco, las empanadas y las frutas. La monotonía se les va coladita entre las calles y parece que no les pesa, parece. En este pueblo de mar, la gente es negra, oscurita.


Octubre, 2006
Edo. Vargas

viernes, 29 de octubre de 2010

Cadáver Exquisito: Stultifera Navis*

Nadie sabe a donde
va este barco rojo
naufragos en la inconciencia
corrían eternamente mientras
sus gritos los seguían
diviso tu silueta
en el fondo de la cocina
zarpan felices, crean vida
para morir en su vertiente oscuro
los he olvidado
cuerdos

Escrito por: Niddy, María Virginia, Hadit, Andrea, Carlos y yo.

*Este texto no tenía fecha, yo presumo que pudo ser escrito en el año 2005 o 2006 durante el taller de poesía que dirigía mi amiga Niddy Calderón (en aquel momento era mi profe). Lo curioso es que no recordaba que existía hasta que, por azar o sincronicidad, abrí un libro de E.A. Poe que tenía abandonado en mi biblioteca y plas! apareció reluciente y quieto como el ahogado más hermoso del mundo.

lunes, 27 de septiembre de 2010

No es más...

El autobús no es más que gente amontonada que sale con esperanzas y regresa con cansancio. Mientras viajo en él hay mañanas en las que juego a que mi nariz es una caña de pescar y persigo los olores de las personas hasta atraparlos, como si les quitara un pedacito de sí mismas. Por eso prefiero las mañanas dentro del autobús, por los olores: champú, colonia, jabón, cremas, ropa limpia. Me gusta creer que todos esos olores son pulsión de vida, que todos los viajeros se alistan para la fiesta, para el encuentro con el sueño amado. En cambio las noches se me hacen pesadas, con esa luz tenue del autobús que cae como un manto sobre nuestras cabezas, con ese olor pegajoso de sudor y ensimismamiento. Por las noches parece que los fantasmas salen, penetran las ventanas y regresan con nosotros a casa. Así la vida se escurre sumida en un recorrido fluctuante donde la parada de la alegría no es más que brevedad y asombro.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Del Extranjero a Taxi Driver: Un recorrido por el absurdo humano

Durante estos últimos días me he topado con dos obras que abrieron en mí unas cuantas interrogantes y estoy segura que no sólo a mí sino a todas las personas que han podido leer y ver estas dos producciones del arte, una literaria de la mano de Albert Camus (1942) y otra cinematográfica escrita por Paul Schrader y dirigida por Martin Scorsese (1976). 

Aquí no pretendo tratar el desarrollo y la complejidad psicológica de los protagonistas de estas obras, sólo quiero comentar sobre lo otro: lo social. Sobre la humanidad y su moralidad. Y es que para mí lo sorprendente no es sólo lo individual en cada personaje sino lo colectivo como representación de un sistema y una realidad absurda que moldea y enmarca esa individualidad y viceversa, puesto que no existiría lo social sin los individuos, sin la existencia misma de lo humano. 

En el Extranjero nos topamos con el particular Meursault, un sujeto que resulta un extranjero dentro un sistema social que no lo comprende y que él tampoco se esfuerza en comprender. A Meursault lo juzgan y sentencian a muerte no específicamente por matar a un hombre sino por no demostrar dolor y sufrimiento ante la muerte de su madre. En contraposición, a Travis en Taxi Driver no lo apresan por matar a un proxeneta y otros corruptos, lo cual en esencia lo hace ser un asesino, sino que lo convierten en un héroe en New York sin considerar claramente la violencia que encarna y se encuba en sí mismo. Todo un círculo vicioso, toda una muestra de la enfermedad moral de la que somos partícipes.

En ambas obras, magníficamente llevadas, nos encontramos con dos realidades que fluctúan entre los extremos del sinsentido. Fue inevitable quedar suspendida en una conciencia y una realidad expansiva y tangible: la del absurdo de la existencia humana, con sus actos y (des)construcciones.

Para algunos estas dos producciones podrían ser muestra y significado de una humanidad decadente, del progresivo fin, de la absurdidad absoluta que lo abarcará todo. Pero partiendo desde Camus ¿Por qué ha de ser así? Si más bien lo absurdo podría ser una transición, un trampolín que nos coloca en una inflexión donde tenemos que decidir y actuar. La conciencia del absurdo no necesariamente es el fin, podría ser el comienzo: La búsqueda de sentido. Pero eso ya cada uno lo decide. 

Publicado en: Colectivo Letra Franca

sábado, 14 de agosto de 2010

Los espantos se espantaron

 Montaña arriba, en los caminos empinados y pedregosos, en las noches oscuras sin luna la gente se metía en sus casas, nada más los perros se mostraban y una que otra carterita de licor abandonada en el camino por algún campesino que para ver mejor las piedras calentaba sus piernas, antes de acompañar a los ríos en el sueño. En esos caminos solitarios, entre ladridos y silencios, los peregrinos andan con la vida, llevando consigo todo aquello que encuentran y les permite reconocerse. 

Anaís y Hadit
Mérida 2006

Nota: Esta historia fue escrita a dos manos, las dos manos de una amistad, es una historia de peregrinas en un lugar de asombros. Fue escrita durante una noche oscura a la orilla de un camino merideño tan solitario que Hadit y yo no tuvimos otra que pensar que los espantos se espantaron…